
y el Irun del siglo XVII
LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DEL JUNCAL
Debe su nombre a la aparición, hacia 1400, de una talla de la Virgen en los juncales que bordeaban el estuario del Bidasoa.
A continuación destacamos algunos
datos referidos a su construcción
La Iglesia es un magnífico ejemplar de gótico tardío vasco. Comenzó a construirse en 1508 pero no se terminó hasta 1606 por lo que es un conjunto de elementos de distintos estilos arquitectónicos.
Llevó un siglo construirla. En 1604 se colocó el reloj, en 1606 el globo y la veleta, el primer órgano es de 1613 y la sacristía de 1620.
Se emplearon sillares de piedra del Jaizquibel, que se traían en gabarras desde el embarcadero de Urdanibia hasta el mismo pie de obra.
Para el profesor E. Artamendi el singular campanario de la torre de la iglesia de Juncal es obra que Fray Miguel de Aramburu diseñó en 1600,
Es
de destacar el retablo mayor, obra concebida en 1643 y cuyos autores
fueron Bernabé Cordero, en su parte arquitectónica, y Juan de Bazcardo,
en la escultórica. Se terminó en 1650
La iglesia del Juncal fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional en junio de 1973.
Lo que sigue es un breve anecdotario de la parroquia de Irun que
hemos confeccionado con datos obtenidos de diversas fuentes.
Hasta 1648 los bancos de la iglesia del Juncal estaban colocados de forma que fuera posible identificar la categoría social de su propietario. El concejo irunés acordó que todos los vecinos pusiesen los bancos al mismo nivel y, el que no lo hiciera, perdería su derecho.
Las personas de cierta relevancia, incluso de los caseríos, tenían su propio sitio en los bancos de la iglesia, distinguiéndose los del lado del evangelio y los de la epístola. Su ocupación era incluso motivo de pleitos, como el que tuvieron en 1649 Joanes de Ureta y Domingo de Ibarguren.

Estamos en 1650. San Lorenzo era
santo de mucha devoción en Irun, hasta el punto que algunos influyentes
vecinos intentaron colocar el busto del santo en el retablo principal en
lugar del de San Ignacio. Tuvo que intervenir el ayuntamiento, y en una
de las sesiones de febrero de aquel año, decidió que se colocara
definitivamente el de San Lorenzo
.
La iglesia parroquial siempre tuvo organista, al menos desde 1613. Años más tarde, al no tener un sueldo asignado, el ayuntamiento concedió a los organistas el derecho de postulación anual en el tiempo de la cosecha de maíz y trigo, pudiendo hacerlo tanto en el casco urbano como en los caseríos.
Era frecuente que las gentes celebraran reuniones de todo tipo dentro del recinto de la iglesia. El principal motivo era simple, la iglesia era el único local cubierto que podía albergar a tanta gente.
Está perfectamente documentado que, en
determinadas ocasiones, las iglesias tuvieron otro uso además del
litúrgico. Por poner un ejemplo, mucho tiempo atrás, la Cofradía de
Mareantes de San Pedro, celebraba en la parroquia de Fuenterrabía sus
banquetes a puerta cerrada.
Era habitual que los perros entrasen a la iglesia parroquial. Los curas, en general grandes aficionados a la caza, por nada del mundo dejarían a sus animales en la calle. Años más tarde se cuenta que, para evitar el perjuicio que estos animales causaban en los frontales de los altares, se nombró un “sacaperros” con un sueldo de ocho reales de vellón al mes.
Era costumbre que los curas párrocos leyeran en las misas las providencias, edictos y bandos de los alcaldes.
Le Serorateguia era una habitación para el uso de sacristanes y seroras de la parroquia. También de cárcel. En 1635 hubo en ella 250 irlandeses presos. Los vecinos se turnaban para hacer las guardias con armamento municipal. Hubo una fuga general y solo prendieron a 14 de los escapados,
En
la segunda mitad del siglo XVII llegaron a la península grandes
cantidades de plata labrada, sobre todo objetos de ajuar litúrgico,
procedentes de diversos países hispanoamericanos. El más claro ejemplo
lo encontramos en la vecina Lesaca, en su iglesia de San Martín, cuyo
detalle reproducimos.
Como queda dicho en nuestro anterior
capítulo, una de las fuentes de ingreso de la iglesia eran las
donaciones particulares. Entre ellas destacamos una del año 1650 por la
que la parroquia de Irun recibió 32.000 reales que Jacobo de Oyanguren
había dejado en testamento para costear el retablo. Incluso el mismo
Juan Sebastián Elcano dejó en su testamento - 1526 - un ducado de oro
para Ntra. Sra. del Juncal.
Así mismo, en una misa celebrada el 2 de febrero de 1664 se consignó haber recibido de D. Miguel de Arribillaga, irunés que se encontraba en Guatemala de Indias, una lámpara de plata de 96 marcos de peso y dos cruces de 16 cañoncillos para luces, para que se colocase delante de la imagen de nuestra Sra. del Juncal. Para su luminaria remitía también 200 pesos.
En 1690 no se podía mendigar sin la autorización del cura de la parroquia o de la justicia de la villa, que se daba, por Pascua, una vez al año. Esta ordenanza fue renovada por las Juntas de Fuenterrabía de 1694.
Por último, el 22 de enero de 1700 , sábado, entre las 12 y la una del mediodía, Felipe V entró en la iglesia parroquial de Santa María del Juncal de Irun. Así consta en una de las actas de los archivos municipales de Irun.