
Historia y curiosidades
El
25 de abril tiene lugar en Irun -también en otras localidades cercanas-
una celebración muy especial: las "opillas" de San Marcos.
Pero retrocedamos al siglo XIX.
Existe constancia de que, desde tiempo inmemorial, se celebraban en Irun-Iranzu procesiones alternando los llamados "montes altos" y "montes bajos" entre los que se encontraba la desaparecida ermita de San Antón en el barrio de Olaberría.
Aquellas procesiones las componían representantes del clero junto con un grupo de paisanos armados que realizaban las salvas.
Esta tradición se mantuvo hasta la primera guerra carlista, siendo suplidas por otra en las que se bendecían los campos.
En todas ellas, a la hora del "amaiketako" la comitiva se detenía en alguno de los caseríos del recorrido en el que se ofrecía a los curas y autoridades un almuerzo "de tenedor", en tanto que los acompañantes debían conformarse con un panecillo con uno o dos huevos cocido al horno.
Desaparecida también esta procesión, se mantuvo no obstante la costumbre de los panecillos -más tarde opillas- que se vendían, con más o menos huevos, en las panaderías locales.
Cuentan que en cierta ocasión, a una encopetada dama se le ocurrió sustituir el pan por bizcocho para regalárselo a su ahijada. La idea tuvo tan buena aceptación que se mantiene hasta nuestros días.
Aquella primera
opilla de bizcocho fue elaborada en el establecimiento de chocolates Elgorriaga
con "maquinaria movida a mano", que por aquel entonces se encontraba en el número 28 de la
calle Larrechipi.
En este mismo obrador tienen su origen los huevos tintados que adornan las actuales opillas.
La historia es la siguiente:
Una de las más
cuidadas
especialidades de la citada pastelería eran las almendras
garrapiñadas que se preparaban en un gran puchero de cobre. En cierta
ocasión para eliminar los restos de azúcar que quedaban adheridos al
recipiente, los artesanos lo llenaron de agua que pusieron a calentar.
En aquel momento alguien tuvo la feliz ocurrencia de aprovechar el agua en ebullición
para introducir en ella los
huevos que tenían preparados para las opillas, comprobando con asombro
que los huevos salieron de un precioso color rosado.
A partir de aquel momento y ante la gran aceptación popular que tuvo el "invento", lo industrializaron sustituyendo el primitivo colorante por otro artificial . Hasta hoy.

Y añadimos nosotros.
Hay otra tradición que se mantiene en muchos hogares y que tiene lugar los días posteriores a la festividad de San Marcos. Menú del día: huevos duros... con tomate.
Nota de la redacción:
Es habitual que nuestros trabajos contengan un comentario relativo al Barrio. Aunque parezca extraño, en éste no hemos hallado relación alguna ni en los lugares, ni en la historia, ni entre los protagonistas que intervinieron en el origen de la "opilla". Pero en Anaka las seguimos bendiciendo.
El día 25 a las 11 h. en la parroquia San Juan el Bautista.
Nos vemos.