
Danieltxo Fernández

Cierto día de madrugada en la N-121, en un control policial dieron el alto a nuestro hombre:
- Buenos días. ¿Hacia dónde se dirige?
- Voy a Navarra a espantar buitres.
- Ya tenemos al clásico graciosillo pasado de copas -pensó el agente- , le vamos a hacer un control de alcoholemia, haga el favor de soplar... (negativo)
A ver, papeles: permiso de conducir, DNI, seguro... ¿y este otro carnet? Daniel Fernández y Fernández de Trocóniz - Técnico de Control de Fauna.
Disculpe, puede continuar...
Y es que el título impone y al mismo tiempo obliga.
Varias veces por semana Danieltxo se dirige en su cochambrosa Citroen C-15 hasta Pamplona donde desempeña uno de los oficios más pintorescos. Con una serie de águilas debidamente adiestradas mantiene a raya a una colonia de buitres que pretenden posarse donde no deben.
"En ocasiones tengo que emplearme a fondo disparando también salvas para ahuyentarlos. La Remington me viene de maravilla".
Lo que muy pocos saben -le pedimos disculpas por desvelar el secreto- es que una vez al año, desde hace al menos nueve, cuando se acercan los "Sanmarciales", Danieltxo se las arregla para que algunas de las preciosas águilas de Harris con las que trabaja, y en ocasiones con un impresionante búho real y con la ayuda de un amigo cetrero, realicen un extraordinario ejercicio en nuestro Barrio, en Peña-Enea, por más señas.
Nuestras más recientes cantineras saben de qué les hablo. No solo les ha hecho entrega de un valioso colgante a cada una de ellas, sino que diseña una puesta en escena digna de ser filmada.
Hemos de añadir que la cantinera, ajena a todo este montaje, ha sido citada en el lugar "para un reportaje fotográfico". Su sorpresa es mayúscula cuando tras colocarle un gran guante de cuero, ve venir volando hacia ella un precioso ejemplar alado con un paquetito anudado a una de sus patas. Un precioso colgante dedicado con el logotipo de la Compañía que muchas de ellas lucen en momentos especiales.
Un regalo que llega del cielo y en este caso de la mano de alguien que defiende a ultranza nuestro Alarde y su Compañía del Barrio de Anaka, y quien a pesar de su natural y a veces excesiva -perdóname Danieltxo- forma de expresarse, tiene un corazón que no le cabe en el pecho.
